¡¡¡SORPRESÓN, SORPRESÓN!!!
Gracias a la recomendación de un colega lugareño (gracias Leko) y a la posterior lectura del "capítulo 0" de Manuel Gago, puso la maquinaria en marcha para, en cuanto fuese posible, visitar esta novedad gastronómica en la Villa Marinera de O Grove.
Muy buena la primera impresión a nuestra llegada al descubrir un diseño minimalista pero integrado y la sensación de que se han hecho las cosas con mimo para ofrecer una oferta gastronómica de calidad.
Como viene siendo habitual, optamos por el menú degustación para poder tener una visión global de su cocina en esta primera visita, además claro, de que me encanta probar un montón de cosas que comiendo a la carta no podrías llegar ni de lejos...
En cuanto a la corta pero cuidada carta de vinos, nos decantamos por un Ribeiro Villa Meín 08 para la primera parte del menú y un Rioja Lanzaga 06 para la segunda mitad . La verdad es que han sido un acierto porque han acompañado a la perfección.
Antes de los platos del menú, nos ofrecen un rico aperitivo de sardina marinada y espuma de pimiento. Sabores reconocibles y perfectamente integrados.
Como primer plato, llegó un Bocadillo de chocos con salsa de sus cabezas y limón. Producto humilde en su precio y "grande" en su resultado. Sin duda uno de los mejores platos del menú. Perfección técnica, texturas, combinación de ingredientes...

Llega el momento de la carne y el momento de la duda. ¿Antes la carne que el pescado? Pero bien pensado, si este orden tiene equilibrio, ¿por qué no? Nos sirven un Plato Tibio de Verduritas y "Roastbeef" de Ternera, Vinagreta de Mostaza, que sin ser un plato mal ejecutado ni mucho menos, tengo que decir que fue el que menos "cosquillas" me hizo.Como primer plato, llegó un Bocadillo de chocos con salsa de sus cabezas y limón. Producto humilde en su precio y "grande" en su resultado. Sin duda uno de los mejores platos del menú. Perfección técnica, texturas, combinación de ingredientes...
Le siguieron las Navajas con Jugo de Cebolla Tostada, Lámina fina de tocino. Unas navajas de calibre considerable y con un punto de cocción perfectas acompañadas de una finísima (invisible diría yo) lámina de tocino que resultaba perfecto. ¿Un mar y montaña? Sí, puede ser...